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Desde muy antiguos tiempos existe población en Trillo: en lo alto del cerro de Villavieja y en las inmediaciones de la ermita de San Martín hubo población desde los tiempos prehistóricos. La población, más moderna, junto al río, tiene su origen tras la reconquista de la zona, que se verificó a finales del siglo XI. En 1749, Trillo fue declarado Villa con jurisdicción propia. Los hombres de Trillo se dedicaron, desde hace muchos siglos, al duro oficio de transportar las maderas sobre el Tajo. Los grandes árboles cortados en las serranías de Cuenca, de Peralejos, desde el Alto Tajo bajaban arrastrados por sus aguas y sabiamente conducidos por hombres, “los gancheros” cuya tarea durísima se ejercía sobre el agua, en las cortadas y pasos difíciles que a cada trecho presenta este río, a lo largo de decenas de kilómetros. Al llegar las maderadas a Trillo, sufrían su primera transformación en las sierras de agua que en el río Cifuentes existían. Las maderas ya serradas eran así más fácilmente conducidas hacia Aranjuez. Pero los trillanos, gentes alegres y emprendedoras como pocas en la Alcarria, aun apuraron la posibilidad de transformación de la materia prima con la que trabajaban, y así, a lo largo del siglo XVII, fue creándose una potentísima industria de carpintería en el pueblo, al extremo de que, hacia 1750, existían en Trillo 27 maestros carpinteros y gran número de oficiales y aprendices del oficio. Aún creció más el pueblo, en la segunda mitad del siglo XVIII, fueron arreglados y puestos en explotación los “baños” o manantiales de aguas termales y medicinales que, a dos Kilómetros del pueblo, existían y eran conocidos desde remotos tiempos. Se puso entonces de moda Trillo como lugar de veraneo y descanso, incluso entre altas personalidades de Corte, ministros y aun familia real, quedando hasta hoy este modismo del veraneo en Trillo.
Textos del libro: “Crónica
y guía de la provincia de Guadalajara”. (Antonio Herrera Casado,
Guadalajara 1988)
Texto publicado en el libro "Encuentros Culturales. 1989" |