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Es la villa de Pareja una de las más caracterizadas de toda la comarca de la Alcarria. No en balde se sitúa casi como en el corazón de ella, a la izquierda del río Tajo que ahora baja anchuroso, desde Trillo a Sacedón, formando el embalse de las Entrepeñas. Altiva se muestra Pareja, valientemente asentada sobre una elevado eminencia a la que rodean los arroyos (uno de ellos el Empolveda) que bajan desde las altas llanuras de la tercera Alcarria, y ante el pueblo se juntan y ya en común cauce dan en el Tajo. Así pues, tiene Pareja por el sur la altura mesetaria de los páramos alcarreños, que forman ancha vega en su descenso hacia el Tajo. El valle de este que podría ser llamado el padre río de todos las Castillas, está hoy cubierto en buen modo por las aguas del embalse de Entrepeñas, formándole paisaje a Pareja por el norte. Por aquí y allá surgen bosquecillos de pinos o chaparrales. En lo profundo de las vaguadas, alamedas y chopos entre los huertos. Por las alturas, cereal. Y en las laderas, tornillo y algunos colmenares. Las aguas del embalse, que subieron anegando y luego volvieron a bajar dejando fango y secarrales estériles, han hecho cambiar radicalmente la vida en Pareja, pues a la merma de los mejores terrenos agrícolas, ha sucedido la arribada de un turismo que, para fin de semana o a mes completo, se dedica a practicar los deportes acuáticos o a descansar simplemente, en las numerosísimas urbanizaciones surgidas a sus orillas. La Historia En el campo de la historia de Pareja, puede decirse que ya en épocas muy antiguas, hace a lo mejor unos dos mil años, estuvieron poblados estos contornos. Los restos de algún asentamiento o villa romana en un collado al que llaman Guadina, cercano al pueblo, confirman esta suposición. Los tiempos de los árabes son oscuros y parcos en noticias ciertas. La zona de Pareja Pasó, a comienzos del siglo XII, y tras los diversos empujes de conquista realizados por los Reyes de Castilla, a pertenecer al reino cristiano. En el aspecto administrativo, tras la reconquista de la zona, perteneció a lo Tierra y Común de Huete, usando su Fuero. Hay que decir que, en el aspecto etimológico, el nombre de Pareja deriva de “Parelia” o “Paradisus”, lo que en latín significa “lugar hermoso”, “huerto” o “Jardín”. En 1156, el rey de Castilla Alfonso VII donó Pareja y sus aldeas próximas al obispo de Sigüenza don Pedro de Leucate. Era éste uno de los cinco primeros obispos seguntinos, procedentes todos de las Galias, introductores de una nueva cultura en las tierras del sur del Duero. Este señor, sin embargo, la poseyó por poco tiempo, pues reconquistada por Alfonso VIII a los árabes, en 1177, la codiciada ciudad de Cuenca, este monarca, en 1198, donó a perpetuidad, y en señorío, este enclave de Pareja y sus aldeas comarcanas (Chillarón, Parejuela, Alique, Hontanillas y Tabladillo) al obispo de Cuenca, a la sazón San Julián, para que en poder de la Mitra conquense quedaran. De esto manera, el equilibrio de fuerzas y la extensión de territorios asignados a las diócesis y mitras episcopales en territorios de frontera se establecía más ajustado. Aunque en el extremo oriental de tan amplia y rica diócesis, la villa de Pareja fue elegida por los obispos conquenses para en ella vivir largas temporadas, y desde el palacio que aquí se hicieron construir, vigilar los negocios de su diócesis. En ocasiones, se alojaron los reyes castellanos en ella, invitados por sus obispos. Y así vemos cómo en 1214 se alojó en Pareja el rey Alfonso VIII, concediendo allí algunas mercedes al Obispo don García, y signando cartas de privilegio apud Parejam. Atrajeron a esta villa numerosos privilegios y exenciones de los reyes castellanos, entre otras la de que sus vecinos pudieran viajar sin obligación de pagar impuestos por todo Castilla, y la de que pudieran celebrar cada año, por primavera, una gran feria comercial. Se debía celebrar “quince días antes de la cinquesma”. En el libro de Privilegios de la Catedral de Cuenca aparece copiada esta importante concesión, y el privilegio de que cuantos vinieran a esta feria (fuesen cristianos, moros o judíos) estuviesen especialmente protegidos por los ejércitos reales). Era esta la forma en que las pequeñas villas comenzaron a crecer en el Medievo: al conseguir de los monarcas la posibilidad oficial de celebrar, una o dos veces por año, ferias en las que las transacciones estuvieran poco gravadas de impuestos, y quienes a ellas fueran estuvieran exentos en buen modo de los habituales impuestos de portazgo y otras cargas fiscales por atravesar caminos y espacios de la ancha Castilla.
El Concejo de Pareja, no obstante, como reunión colegiada de sus vecinos, pecheros (contribuyentes), hombres buenos, escuderos y caballeros, más algún hidalgo de gotera, tuvo siempre voz propia y aunque normalmente convivió en paz con los obispos señores, en otras ocasiones se alzó contra su poder, y le puso condiciones. Otra de las instituciones de mayor peso social en la Pareja de los siglos viejos, fue el Cabildo eclesiástico, puesto bajo el patrocinio de San Pedro y Son Pablo, y que acogía en su seno, como si de un club social se tratara, a todos los clérigos que en la villa vivieran u ocuparan en ella un cargo oficial y remunerado. Fundó este Cabildo don Rodrigo de Valdés, arcipreste de Pareja, en 1524, siendo confirmadas sus reglas por el Obispo Ramírez de Fuenleal muy pronto. En cualquier caso, y con los lógicos altibajos de fervor y odio hacia sus dueños, hasta el siglo XIX, en que fueron abolidos los señoríos particulares, estuvo Pareja bajo los obispos conquenses. Uno de los hitos de la historia de Pareja, que en este lugar merece ser consignado, fue el hecho de haberse fundado en 1816 la Real Sociedad de Agricultura. A pesar de estar la villa muy maltrecha tras las diversas incursiones y batallas de la guerra de la Independencia (por aquí corrió el Empecinado tras las tropas napoleónicas) en dichos años se fundó en Pareja la Real Sociedad de Agricultura, que al igual que las Sociedades Económicas fundadas en el reinado de Carlos III, perseguía fomentar el estudio y aplicaciones prácticas en torno a los mas variados temas de la vida y la sociedad, incrementando la productividad y ampliando la cultura popular. Esta Sociedad de Pareja funcionó muy corto tiempo. Un vistazo al patrimonio artístico. La villa de Pareja ofrece hoy todavía un cúmulo de edificaciones y ámbitos urbanos que la hacen muy atrayente para el visitante. Puede pasearse con parsimonia desde la Plaza Mayor hasta las eras, y desde los estrechos vericuetos de las callejas en torno al templo parroquial hasta las parideras cercanas al monte, con la seguridad de encontrar o cada paso una perspectiva atrayente, un hálito de esencia rural y de vitalidad secular que gana para siempre. El primero de esos monumentos que constituyen su más noble patrimonio, es el ámbito urbano donde “todo pasa” en Pareja. Se trata de la Plaza Mayor, para la que el viajero ha de dedicar su interés mayor. Es este uno de los conjuntos urbanos más interesantes de toda la Alcarria. Se centra con una centenario olma, y se flanquea de una modernizada fuente y algunas barandillas que modulan los diferentes niveles del plazal. Este es alargado de oriente a poniente. En el extremo oriental se levanta el edificio del Ayuntamiento, moderno y rehecho recientemente, aunque con el sabor genuino de lo clásico. Sobre el costado norte, un palacio inmenso y ya muy desbaratado. Al sur, como si fuera el corazón latiente, está la vida: una hilera de casas soportaladas, algunas con blasones sobre sus puertas, así como otras casas más modernas, y un edificio con soportales tenidos por columnas metálicas, muy en el estilo de la arquitectura del hierro del siglo XIX, pero con un marcado acento rural. En el costado de poniente, y precedido de unos recoletos jardincillos con arrayanes, se levanta el gran palacio de los señores de la villa, los obispos de Cuenca, que en 1787 mandara construir el obispo alcarreño Solano para sustituir al antiguo. De aquel viejo y venerable edificio, como castillo inserto entre los casas, nada queda si no son restos de su aparejo antiquísimo en algunos muros, y restos también de un torreón. La fortaleza de Pareja fue muy famosa en la Edad Media, y la villa estaba amurallada en todo su entorno. La iglesia parroquial de Pareja es un grandioso edificio construido en el siglo XVI. Fue ese el momento en el que numerosos pueblos de la Alcarria, en plena fase de expansión demográfica y económica, se plantearon derribar sus viejos templos, muchos de ellos románicos, y construir en su solar nuevos edificios rituales para acoger más público y para pregonar con sus dimensiones y detalles ornamentales la mayor riqueza del concejo. La de Pareja es de esas: grande y solemne, cuajada de hermosos escorzos arquitectónicos y bellos detalles del estilo plateresco.
Y aún hay muchos otros elementos
de arquitectura en Pareja que merecerán el paseo y la admiración
en su entorno. Son varias las casonas nobiliarias que se encuentran distribuidas
por el pueblo. En algunas de ellas se rematan las puertas y fachadas con
vistosos escudos de armas tallados en piedra. Los hay de hidalgos y de
obispos conquenses, de los siglos XVII y XVIII fundamentalmente, y algunos
otros más antiguos, del siglo XV. Finalmente, muchos otros edificios
muestran los caracteres típicos de la arquitectura popular alcarreña,
con grandes portones de arco semicircular dovelado, piso bajo de sillarejo,
o incluso de sillar, piso alto de adobe o argamasa revocada, y grandes
aleros de tallada madera.
Antonio Herrera Casado.
Texto publicado en el libro "Encuentros Culturales. 1993" |