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Podemos afirmar, como dato cierto, que existía en el año 1388, y siendo, como debía ser, una de las villas arrancadas definitivamente por Alfonso VI a la dominación sarracena, es claro que tenía que existir con anterioridad a dicha fecha, opinión que hace elevar su origen a mayor tiempo, porque su buena situación topográfica, aires, aguas, productos y clima no es posible que pasaran desapercibidos de los moros, y aún de los godos, romanos y primitivos pobladores de España, para que en ella no se establecieran. Además, en un manuscrito del siglo pasado hemos leído que en 1348 se despobló el Peral y que sus moradores se bajaron a Budia, pueblo que tenía ya doscientos años de antigüedad, afirmación que hay que tener corno cierta pues los arcos y columnas de la parte izquierda de la iglesia son el verdadero tipo de la arquitectura bizantina en su tercer período, que como es sabido se desarrolló en el siglo XII. Ostentaba un escudo simple de ciudad, tal como lo debieron escoger los jurados de su municipio, tajado, a sea dividido por una barra diagonal de izquierda a derecha, otras tres barras diagonales de derecha a izquierda, colocadas en la parte inferior del cuartel alto, lo vuelven a dividir, teniendo en la parte superior de este cuartel una media luna o montante y en el cuartel inferior el nombre de María enlazado, sin que hayamos podido averiguar el porqué‚ de estas armas. Antiguamente fue aldea y término de Atienza, formando parte del término de Durón, que era la capital, compuesto, además de estos dos pueblos, por los de El Olivar, Gualda, Valdelagua y Picazo, hasta que en el año de 1434, por hacer donación de las seis villas del término la reina Dª María, mujer de D. Juan II, pasó a la casa del lnfantado, a la cual pagaba canon de reconocimiento, recibiendo de la misma el nombramiento de sus justicias. Asentada en la falda de una montaña y rodeada de otras muchas, cuyas vertientes van a reunirse a sus pies, se halla dominando un océano de vegetación: sus infinitas huertas, pobladas de toda clase de árboles frutales; sus murmuradores arroyos, que por todas partes las cruzan y riegan por cauces naturales; sus frescas fuentes, con el ofrecimiento continuo de sus cristalinas aguas; sus encantadores barrancos, donde no penetra el calor del estío; sus poblados olivares, casi por completo coronándola de perpetua verdura; sus aires purísimos, saturados de mil efluvios olorosos, despedidos por el romero, salvia, tomillo y ese ejército de plantas que solo en esta parte del mundo se encuentran, sus numerosas alamedas, principalmente de álamos negros, que como decían nuestros antepasados en el último siglo al Gobierno, si no rinden producto, sirven para llenar el campo de amenidad; su cielo hermoso y despejado; sus abundantes, excelentes y saludables aguas y sus voladoras bandas de alegres, y pintados y canorosos pajarillos, entre los cuales sobresale y abunda el cantor de las selvas que con sus variados trinos no cesa en los meses de primavera, y aún en verano, y particularmente por las noches de alegrar el campo, hacen que sea no solo refugio en los meses de calor, sino sitio pintoresco que no acaban nunca de alabar los que han tenido la fortuna de visitarlo. Necesariamente con lo que hemos descrito ha de tener condiciones especiales de salubridad; de ello pueden certificar numerosos médicos, como de que no se conocen enfermedades endémicas y de que rara vez llegan a tomar asiento las epidémicas, habiendo una desproporción excesiva, que puede comprobarse en el Registro Civil, entre el número de los muertos y el de los nacidos, éste siempre mucho mayor, no acordándose nadie que el cólera haya llegado hasta sus puertas más que una sola vez, el año de 1855, condiciones extraordinarias que no son de ahora solamente, puesto que en el archivo del municipio se conserva una real provisión de Felipe III autorizando al Ayuntamiento para que gaste 10.000 maravedises de sus propios en danza, representación y regocijo el día de San Roque, porque en el año de 1599 no tuvieron peste, mientras fueron asolados otros pueblos comarcanos. Su número de vecinos, que ha venido a ser siempre de unos 500, ha decaído considerablemente al compás de su industria, no teniendo en la actualidad más que unos 350 con unas 1.160 almas, sosteniéndose muchos a causa de la baratura de los medios de existencia, que en caso contrario les hubiera obligado a emigrar. Contribuye al Estado con 11.623 pesetas por territorial, 1.580 por subsidio y 5.518 por consumos; entiéndase que en estas cuotas no hay recargos. Su agricultura se halla en un estado de atraso bastante lamentable, al cual han contribuido lo gravada que está por los impuestos, las pocas y malas labores que se dan a la tierra, el escaso beneficio que con los abonos se le hace, las malas prácticas agrícolas que se emplean y, sobre todo, aparte de la ninguna variación de cultivo, el afán constante de coger los frutos sin sazonar, nacido en la mayor parte de los casos de la falta de recursos. A pesar de lo dicho, aún se coge en abundancia aceite, vino, trigo, cebada, avena, garbanzos, almortas, lentejas, judías, éstas de superior calidad, toda clase de hortalizas, generalmente muy buenas, en las huertas y pedazos de regadío, frutas de todo género, no obstante el horror, que no tiene explicación, con que se miran los árboles y en particular los frutales, y otros muchos productos que ni recuerdo ni me es posible enumerar. La división y subdivisión de la propiedad es causa de un número considerable de faltas cometidas en ella muchas veces por los mismos labradores, que hoy por mí y mañana por mí, como dicen, no se abstienen como debieran de cometerlas, mal que no debe ser en estos tiempos únicamente, cuando ya en 1571 se reunieron representantes de Budia, El Olivar y Durón y formaron unas ordenanzas comunes a los tres pueblos, y convenientemente sancionadas, de las cuales existe un ejemplar en el archivo de la villa, y son una especie de Código Penal para la conservación y guarda de las cosas del campo.
Que antigüedad tiene su industria es imposible decirlo, yo creo, en lo que a los curtidos se refiere, que es muy antigua, en la confirmación primera del privilegio de la Dehesa del Peral, y en el año de 1402, figura un vecino de Budia llamado D. Adán sin poseer apellidos, que tenía que ser moro o judío converso; su nombre de Adán así lo indica y más que todo, la partícula de nobleza que antepone al mismo, si se tiene en cuenta que hubo una época de nuestra historia en la cual mientras nuestros grandes señores castellanos no se llamaban y firmaban más que Lope de Mendoza, los judíos y moros, por el contrario, se titulaban D. Jusuf o D. Jacob, siendo fácil el ser lo mas probable judío converso que obtuviera vecindad por introducir la fabricación de curtidos en esta villa, industria muy adelantada entre los de su raza en aquel entonces, con lo cual se aseguraba su sostenimiento después de la reconquista, que no debía andar muy bien cuando la villa de Atienza apoya la confirmación segunda, hecha poco después, en la relación que le hacía al concejo y hombres buenos de Budia de que la habían menester para su sostenimiento, y que con ello serían mejor poblados, así, que, casi sin temor de equivocarme, podemos afirmar data de esa fecha y fue su introductor el citado vecino de Budia D. Adán. La época de su mayor florecimiento ha sido en el siglo pasado y principios del presente, ya a mitad del anterior existía en ella, según la estadística formada entonces, un número considerable de maestros y oficiales curtidores, zurradores, raspadores de badanas y de todo el personal que tal arte requiere, que por necesidad tenía que curtir y preparar un número de pieles que sin datos apenas se puede calcular, llamando la atención que figuraran en ella hasta treinta y dos tratantes, la mayor parte en cordobanes, de los cuales cuatro eran de familia noble, lo cual prueba que los nobles no desdeñaban de ejercer la industria y comercio, contribuyendo así a su prosperidad, acción digna de alabarse y preferible a la de otros tres de su mismo estado que aparecen en la misma clasificados como jornaleros de segunda clase con el salario de tres reales. Estas dos industrias llevaban consigo otras, como la de los coleteros, que surtían a las dos Castillas, la de los zapateros, clan numeroso siempre y más entonces, y la de los sastres, sin contar las que con ‚éstas y aquéllas tenían relación. Una industria floreciente trae un comercio en el mismo estado; muy grande debía ser, por tanto, el número de los dedicados a él para surtir de pieles, pellejos, zumaque, cortezas, lanas y demás primeras materias a su numerosa industria y dar salida a los productos elaborados, y continuas recuas de arrieros y traficantes tenían que poblar sus caminos para el acarreo de unas y otras. Hoy está reducido, igual que la industria, a bien poca cosa, a lo cual ha contribuido no poco la falta de medios de comunicación, próxima a remediarse con la construcción de dos carreteras. Dentro de la jurisdicción de Budia están enclavados, sin saberse desde cuando, probablemente desde 1348, cuatro despoblados: Pumarejos, Peña Rubia, Membrive y El Peral, cuyas pilas bautismales existen las dos primeras en sus respectivas ruinas, la de Membrive en la Colonia Asunción de término de Brihuega y la cuarta en la iglesia de Ntra. Sra. del Peral sirviendo de pila de agua bendita.
No era esto sólo lo que le daba importancia: por la pragmática de D. Carlos III de 1768, que es la ley tercera, tit XVI, libr. X de la Novísima Recopilación, se estableció el Oficio de hipotecas, amas de las cabezas de partido, en las de jurisdicción que estimaran las audiencias y chancillerías, siendo una de las señaladas la villa de Budia, a la cual se hizo cabeza del Departamento de Durón, Gualda, Olivar, Valdelagua, Picazo, Valfermoso, Balconete, Retuerta, Irueste, Yélamos de Abajo y Yélamos de Arriba, y en cuyo ayuntamiento, y en el siguiente año de 1769 se estableció como ordenaba dicha ley, y hemos tenido ocasión de ver. Grande fue la importancia que alcanzó en el citado tiempo, su floreciente industria la llevaba consigo y sus montes, agricultura y ganadería la sostenía proporcionándole en abundancia las primeras materias como lanas, pieles, zumaques, cortezas y otras necesarias a su desarrollo, las gentes bien acomodadas de otros pueblos venían a establecerse en su municipio, era el centro mas adelantado de la comarca en todos los órdenes de la vida, a él venían todos a converger, reuniendo, a más de estos timbres, el de ser en aquella época patria de una pléyade numerosa de personajes ilustres que nunca lo olvidaron y en todas partes extendieron su fama. Sus fundaciones. Tradiciones y costumbres. Música y poesía popular. Carácter No tiene fundaciones que merezcan llamar la atención, mucho más habiendo desaparecido la del Hospital, misa de once y otras, quedando solamente las cofradías y hermandades religiosas, alguna de las cuales no existe tampoco como sucede con la de los Nicolases que contribuía al mayor esplendor del culto. Es digna de mención la hermandad de los soldados de Cristo, de la cual hablaremos en otro lugar. La de los Crispines, de la que antiguamente eran hermanos todas las personas personales del pueblo, ha seguido las vicisitudes de todas las hermandades que comenzando por instituciones de defensa bajo el patrocinio de algún santo han venido a convertirse posteriormente en sociedades de socorros mutuos. El tiempo, que todo lo borra, ha
hecho que desaparezcan de Budia muchas de sus tradiciones y costumbres;
ya no se oyen por sus calles, en las madrugadas de verano, alegres panderetas
acompañando las bulliciosas canciones de las cogedoras de alazón,
ni van con las cruces, adornadas de relicarios, aunque las pasean por las
calles con música y ramos de olmo, el tres de Mayo al convento a
por los regalos de higos, pasas y almendras de los frailes; ni los mayordomos
de la virgen del Peral dan un toro, como hace poco sucedía, y menos
obsequian en la ermita el día de la festividad con chocolate superior
y tiernos bizcochos, sin poner tasa, a todo el que quería sentarse
en las mesas preparadas al efecto, costumbre que ha durado muy entrado
este siglo; ni son mal mitades los mozos que entran en las tabernas, con
los cuales no querían las muchachas casarse, ni otras muchas que
desconozco; habiendo en cambio algunas algo peores que estas nacidas al
calor y mudanza de los tiempos.
Las guerrillas no han desaparecido,
costumbre preferible a la de ir a la taberna y consiste en reunirse varios
en un punto cualquiera para beber vino y jugar, hablar o merendar, ni tampoco
la de iguala en ellas, o sea la de beberse tantos reos el que llega tarde
como se han bebido los compañeros que llegaron antes.
Réstanos hablar, para concluir este epígrafe, de cuatro funciones que por costumbre y tradición vienen celebrándose de tiempo inmemorial, la de la Virgen del Peral, Semana Santa, Nochebuena y San Juan y San Pedro. La Historia de Budia Perteneció tras la reconquista del territorio a fines del siglo XI, a la Comunidad de Villa y Tierra de Atienza, que llegaba en su gran jurisdicción hasta la orilla derecha del Tajo, y aún más tarde le cruzó y siguió extendiéndose, al tener privilegio de los Reyes castellanos de ampliar su territorio conforme fuese avanzando hacia el sur la Reconquista. Dos o tres siglos después, quedó incluida dentro de la Tierra o Común de Jadraque, al desgajarse éste de la tutela atencina. La tierra de Jadraque quedó dividida en sesmas, y Budia perteneció a la de Durón. En el siglo XV, y por donación hecha por Juan II y su esposa la reina doña María a sus fieles cortesanos Gómez Carrillo y María de Castilla, con ocasión de su boda, pasó Budia, como toda la tierra de Jadraque, al señorío de estos magnates. Budia adquirió el título de villa por privilegio real, en 1434, aunque siguió en este señorío. A fines del siglo XV, en 1478, don Alfonso Carrillo de Acuña traspasó Jadraque y sus sesmas al cardenal Mendoza, y este fundó con ellos el Condado del Cid, con cabeza en Jadraque, en el que se incluía también Budia. Pasó a su hijo don Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, marqués de Cenete, y una generación después vino a añadirse a los títulos y posesiones del gran duque del lnfantado, en cuya casa permaneció hasta la abolición de los señoríos por la Constitución de 1812. La vida de esta villa adquirió vigor tras su entrada en los estados mendocinos, y a partir de su declaración como Villa con jurisdicción propia, en el siglo XV, llegando a su máximo apogeo en el XVII y siguiente. Las ocupaciones principales de su población eran las agrícolas, pero durante esos siglos de auge también tuvo mucha importancia la industria de tenerías y cordobanes, de mucho renombre en toda Castilla. Ya hemos visto a este respecto la curiosa afirmación de Falcón, de haber sido un judío, D. Adán, el fundador de esta famosa industria. Hubo un Hospital en Budia. Al menos así se dice en el libro de Respuestas Generales al Catastro del Marqués de la Ensenada que se guarda en el Archivo Histórico Provincial de Guadalajara, donde lo hemos leído. La Virgen del Peral De siempre hubo en El Peral una ermita, primeramente sencilla y pobre, luego rica y casi catedralicia. En ella se veneró, desde remotos siglos, una talla en madera de la Virgen María, de estilo probablemente gótico. Fue destruida esta imagen durante la Guerra Civil Española de 1936-1939, y posteriormente repuesta gracias a la devoción de los vecinos de este pueblo, habiendo sido tallada la nueva y preciosa imagen por el escultor valenciano Enrique Bellido. Estaba la ermita, hasta 1936, cuajada de obras de arte y ex-votos curiosos. Fueron quemados los altares y robadas las riquezas del camarín de la Virgen. Las dos magníficas tallas del Ecce-Homo y la Dolorosa de Pedro de Mena, fueron bajadas a la iglesia parroquias, donde hoy se conservan. Las fiestas de la Virgen del Peral se celebran, como es tradicional, en los primeros días del mes de septiembre. El domingo después del día 8 de este mes tiene lugar la fiesta en la villa, con función religiosa y procesión por todo el pueblo, destacando el acto de la subasta de las andas para sacar y meter a la imagen en el templo, con pujas muy fuertes. El día siguiente tiene lugar la fiesta a la Virgen en la Ermita, a donde se restituye la imagen también en procesión. Además se ha instituido ahora la costumbre de subir el día 1 de enero a la "acción de gracias" en la Ermita. Se ha adecentado el entorno de este templo, y aunque está retirado del pueblo, constituye un lugar lleno de encanto donde a veces se sube de paseo, a merendar, etc., por la que el Ayuntamiento ha puesto dos fuentes nuevas, extrayendo el agua de pozos: una en la propia ermita, que ha sido concluida en 1990, y que es de pozo excavado, y otra en la parte baja de la misma, en el parque que se hizo en 1986. La Iglesia parroquial
Dedicado a San Pedro Apóstol,
su planta es de tres naves, con pilares entre ellas de variado corte: los
unos son circulares, y los otros cuadrilongos. Alturas diversas pero siempre
majestuosas. Techumbres de madera trabada, y apliques de elegancia, tallas,
capiteles, y un sin fin de detalles que hacen muy hermoso este templo.
Quizás lo mejor de todo es la portada, puesta en el muro principal,
orientada al sur. Ante ella se abre un patiecillo estrecho con plantas
de hoja perenne, que van cortando la visión del cincelado retablo
que es esta puerta, y ante ella se coloca una muy antigua pila bautismal
con prolija decoración de estilo románico.
En el interior del templo, del que desaparecieron durante la Guerra Española de 1936-39 algunos retablos y un buen número de piezas artísticas, el frontal del altar mayor, en plata repujada, y decoración barroca y exuberante, con una imagen de la Virgen del Peral, es lo más destacado en orfebrería. En escultura, son de destacar los
enterramientos de doña Juana García, y de Pedro de Cañas.
El Convento de los Carmelitas Uno de los monumentos más señalados, y, por desgracia, abandonados y en trance de ruina progresiva, que posee la villa de Budia, es el antiguo convento de la Orden de Carmelitas, situado en la parte alta del pueblo, en las eras de Santa Lucía, desde donde se divisa un bello panorama de la localidad y de los montes del entorno. En el siglo XVI existía una casa donde vivían en comunidad cuatro beatas, según dice la Relación de la Villa enviada a Felipe II en 1580. El convento de altura que se fundó en nuestra villa es el de la Orden del Carmelo Reformado, en ni siglo XVIII. Corta vida tuvo la fundación carmelitana en este pueblo alcareño, pero siempre muy querida de sus vecinos, quienes procuraron hacer la vida amable a sus religiosos huéspedes. Tuvo su origen en la piedad netamente popular: varios vecinos de Budia habían entregado, en el primer cuarto del siglo XVIII, algunas cantidades para fundar con ellas un convento de la Orden Carmelitana reformada. Tranquila fue la existencia de este
convento a todo lo largo del siglo XVIII. A mediados de él, concretamente
en 1747, se trasladó desde Madrid la casa de profesos, siendo un
prior, nueve religiosos y seis legos conventuales los que la habitaban.
Ya finalizando la centuria, en 1796, quiso la Orden carmelitana probar
fortuna nuevamente poniendo en esto convento de Budia una modesta fábrica
para hacer en ellas sayales de las religiosas y religiosos. En otras casas
y ocasiones se había intentado ya, pero con muy escaso éxito.
Los franceses llegaron a Budia en enero de 1809. Ante las noticias de su inmediata llegada, y los desmanes de brutal salvajismo a que sometían a ciertos sectores de la población, en especial del estado religioso, decidieron los carmelitas de la Concepción de Budia abandonar su convento, dejando únicamente a dos miembros de la comunidad entre sus muros. Finalmente, en 1814 volvieron los religiosos ignorando seguramente lo poco que le quedaba de vida al convento. El edificio entero, con su huerta, pasó a poder de particulares. Fue concretamente en 1842, poniendo en práctica la Desamortización de Mendizábal, que el Gobierno habla decidido dedicar el convento a hospital y escuela de la villa, y la iglesia dejarla para el culto. la Diputación Provincial se opuso, y exigió que todo saliera a subasta. Así fue que en 1847 lo adquirió doña María Isidra Pastor, vecina de Madrid, en la cantidad de 140.000 reales, quedando de todos modos la iglesia para culto y uso de cementerio, como hasta hoy ha permanecido. El edificio de este convento, especialmente la iglesia, es una obra magnífica de la arquitectura carmelitana española. El cuerpo central de su fachada presenta tres arcos bajos de acceso, hoy cerrados de una verja. El central se escolta de planas pilastras, y se remata con vacía hornacina. Sobre ella aparece un enorme ventanal escoltado de almohadillado, que tenía por misión dar luz al coro, y sobre ella todavía gran remate triangular con bolones. El templo es de tres naves, con gran linterna sobre el crucero, hoy ya hundida. Otros monumentos de Budia Muchos otros elementos monumentales existen aún en Budia. En la misma explanada alta de Santa Lucía, en los entornos del convento, se encuentra el Calvario en piedra, la propia ermita de Santa Lucía, y un gran edificio en piedra que sirvió de nevera a los frailes. En la cuesta de Santa Ana está
la picota o rollo, que ha sido restaurada recientemente, de forma muy oportuna
y acertada, y que luce su estampa elegante, recordando que tuvo la villa
su capacidad de jurisdicción y su autonomía en siglos pasados.
El Ayuntamiento es otro de esos
edificios singulares que adornan el pueblo y su plaza mayor, esa de la
que Camilo José Cela decía parece la de un pueblo moro, y
es en realidad un noble y entrañable espacio urbano cuadrilongo
donde se citan los bares, las tiendas, las casas recias y los aleros con
estirpe. El Ayuntamiento, muy bien restaurado (casi hecho de nuevas) en
1986, añade a su doble galería de arcos el bonito reloj y
campana concejil que en 1971 regaló don Eugenio Escribano Sancho
y familia.
Recorrer las calles de Budia es
un placer inigualable. No sólo por las perspectivas que desde ellas
se contemplan de la vega, de los olivares, de las distancias alcarreñas.
También por admirar los bien conservados ejemplares de casas tradicionales
castellanas, o incluso por leer los rótulos de sus nombres, y evocar
a través de ellos antiguas escenas, costumbres anejas que no debieran
perderse: ahí están las calles de Boteros, del Hastial, del
Bronce, de la Lechuga, de las Marujas, del Hospital, del Rincón,
de la Soledad, del Azobejo, la de Tras el Reló, la dedicada a don
Román Escribano, y tantas otras.
Las obras más modernas En los últimos años, Budia ha conseguido, gracias a la buena gestión de los últimos alcaldes que ha tenido y de todas las Corporaciones que les han secundado, una apretada serie de mejoras urbanas. De un lado ese camino de circunvalación que mejora los accesos a la villa, terminado en 1989. De otro, el frontón que se concluyó en 1982. La traída de aguas y su distribución por las viviendas. La reciente pavimentación de sus calles. El Centro de Salud. El Colegio Público Nacional. La construcción de la Fuente del Cuerno en 1988, el arreglo de la picota, etc. Todo un cúmulo de aciertos que ha contribuido a hacer más agradable la vida en Budia. Pero que a pesar de ello, no ha podido evitar ver mermar su población, a costa del tenor de los tiempos, que ha ido promoviendo la emigración hacia las grandes ciudades. Si en el siglo XVI había, en sus finales, unos 1.600 habitantes, y esa cantidad se mantenía a mediados del XVIII, bajó luego en nuestro siglo, y tras la Guerra Civil era de unos 1.050 habitantes, llegando en fecha actual a quedar reducido su censo a 385 personas, aunque esta cifra se refiere a las personas que aquí residen de asiento, siendo mucho más numeroso su vecindario en las épocas de fiestas, vacaciones y en el verano. Todavía hoy continuara las obras para construir el recinto Polideportivo que servirá a los jóvenes y menos jóvenes de Budia a mantenerse en forma. Y al fin el Escudo
Texto publicado en el libro "Encuentros
Culturales. 1994"
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